La sinrazón turística

«El capitalismo ha hecho del ocio un negocio, y la fuerza del encanto de la industria del turismo descansa en su capacidad de negar precisamente su carácter industrial, sometido por tanto a las reglas de un productivismo y un consumismo que no conocen fronteras, haciendo caso omiso de la idiosincrasia de huéspedes y anfitriones. La movilidad turística está al servicio del consumo del mundo. El turista, que en sus primeros pasos era un experimentador existencial, se ha convertido muy pronto en un consumidor geográfico. El turismo, tantas veces presentado como la versión ideal de la movilidad contemporánea, merece ser examinado a la luz de la inteligencia crítica».

Muy pronto en sus librerías…

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Civilización, tecnología y barbarie

«La mecanización y la industrialización han transformado en poco tiempo el planeta, haciendo trizas los ecosistemas y las comunidades humanas mediante el monocultivo, la nocividad industrial y los mercados de masas. El mundo se parece hoy más a las advertencias proféticas de los pueblos primitivos que a la huera propaganda del sistema industrial: las plantas desaparecen y los animales mueren; los suelos quedan tan yermos como el espíritu humano, los grandes océanos envenenados, la lluvia convertida en algo corrosivo y mortal, las comunidades humanas en guerra unas con otras por despojos menguantes. Y todo ello al borde de la gran aniquilación, posible con sólo pulsar unos botones al alcance de unos cuantos imbéciles, cabezas de zek, encerrados en sus búnkeres fortificados. Los raíles de la civilización no sólo conducen al ecocidio, sino a un suicidio evolutivo.

Cada imperio se tambalea sobre el olvido que él mismo ha creado, y tarde o temprano acabará cubierto de arena. ¿Sobrevivirá entre las ruinas un mundo digno de ser habitado?»

Muy pronto en sus librerías…

Hay que rechazar el desarrollo (Pier Paolo Pasolini)

Muy pronto, en Ed. El Salmón, La lengua vulgar, de Pier Paolo Pasolini.

El «modelo de desarrollo», que está cerca de alcanzar su madurez, es el que nos ha impuesto la sociedad capitalista. Proponer otros modelos de desarrollo, significa aceptar ese primer modelo de desarrollo. Significa querer mejorarlo, modificarlo, corregirlo. No: no hay que aceptar ese «modelo de desarrollo». Como tampoco es suficiente con rechazar ese «modelo de desarrollo». Hay que rechazar el «desarrollo». […] Cinco años de «desarrollo» han convertido a los italianos en un pueblo de idiotas y de neuróticos. Cinco años de miseria pueden llevarlos de nuevo a su humanidad, por mísera que sea.

pasolini borgata

El día que se pare la Máquina

«La ciencia, en lugar de liberar al hombre, lo está convirtiendo en esclavo de las máquinas. Dios, ¡qué perspectiva! Las casitas a las que estoy acostumbrado serán arrasadas, los campos apestarán a petróleo, y las aeronaves harán añicos las estrellas. El ser humano tal vez obtenga un alma nueva y quizá de mayor grandeza bajo estas nuevas condiciones. Pero almas como la mía serán aplastadas».

 Entrada de diario, 27 de enero de 1908

«Para leer el relato de una profecía, los lectores deben colaborar con dos cualidades: la humildad y la suspensión del sentido del humor. Sin la primera, tal vez no oigamos la voz del profeta. Y el sentido del humor puede provocar que nos riamos del profeta, en lugar de escucharlo».

Aspectos de la novela

 

E. M. Forster (1879-1970)

E. M. Forster (1879-1970)

Imaginad, si podéis, una habitación pequeña, de forma hexagonal como la celdilla de una abeja. No la ilumina ni ventana ni lámpara, pero está llena de una claridad suave. No hay aberturas para la ventilación, pero el aire es fresco. No hay instrumentos musicales, pero, en el momento en que comienza mi meditación, sonidos melodiosos resuenan en el cuarto. En el centro hay un sillón, con una mesilla al lado; ése es todo el mobiliario. Y en el sillón yace un bulto de carne envuelto en vendas: una mujer de metro y medio de estatura, con una cara blanca como un hongo. A ella le pertenece este cuartito.

Sonó un timbre eléctrico.

La mujer pulsó un interruptor y la música quedó en silencio.

«Tendré que ir a ver quién es», pensó, y puso en marcha la silla. Al igual que la música, la impulsaba un mecanismo, y se deslizó hasta el otro extremo de la habitación, donde el timbre sonaba con impertinencia.

—¿Quién es? —preguntó. Su voz mostraba irritación, porque ya la habían interrumpido varias veces desde que empezara a sonar la música. Conocía a varios miles de personas, pues en diversos ámbitos las relaciones humanas habían avanzado muchísimo. Sigue leyendo