Cul de Sac: apuntes sobre el progreso y las nuevas tecnologías

Los números 1 y 2 de nuestra revista Cul de Sac, Apuntes para una crítica del progreso (Noviembre, 2010) e Internet y nuevas tecnologías: ¿la desposesión culminada? (Noviembre, 2011) están disponibles a partir de ahora para libre descarga (pincha sobre las imágenes para hacerlo). Ocasionalmente, se realizarán reimpresiones limitadas de estos números.
Y, muy pronto, estará listo el Cul de Sac #6: Los herejes italianos contra la máquina.

 

Cul de Sac #1. Apuntes para una crítica del progreso

Cul de Sac #2. Internet y las nuevas tecnologías: ¿la desposesión culminada?

 

 

 

 

 

 

 

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Defender la tierra no es delito

DEFENDER LA TIERRA NO ES DELITO – SOLIDARIDAD CON LOS ENCAUSADOS POR OPONERSE A LA DESTRUCCIÓN DEL TERRITORIO

En septiembre de 2010, un incendio forestal provocado y con cinco focos distintos, calcinó 2.500 hectáreas de las sierras que rodean municipios como Onteniente y Agullent.

El 28 de mayo de 2010, la Conselleria de Infraestructuras y Transporte de la Comunidad Valenciana anunciaba la construcción de una línea de Alta Tensión entre los municipios de Onteniente y Alcoi, que pasaría por zonas de alto valor paisajístico. El 7 de septiembre de 2010, varios incendios intencionados arrasaron 2.500 hectáreas de sierra, que casualmente se encontraban por donde habría de pasar la línea de Alta Tensión. El rechazo que genera esta infraestructura crece después de los incendios, pues impedirían el ciclo de repoblación y aumentarían la desertificación. Los estudios de impacto ambiental encargados por la propia Conselleria son desfavorables al proyecto, y diversos ayuntamientos de los municipios afectados se oponen activamente a su construcción, de la que se hará cargo Iberdrola, multinacional energética española que posee el dudoso honor de figurar en el ránking de las 10 empresas más contaminantes del país.
El inicio de las obras provocará una activa resistencia por parte de los vecinos de los municipios de la zona, oposición que se prolongará durante más de un año y se articulará en torno a la Plataforma contra la Alta Tensión. Entre sus actividades figuraban las marchas de protesta a las obras; en una de ellas, la Guardia Civil identificó a las personas que allí había: posteriormente se detendría a 4 personas, para quienes la Fiscalía pide 1 año y dos meses de cárcel, además de 17.000 euros de indemnización por delitos de daños y desobediencia. Finalmente, y pese a la oposición vecinal, las obras de la Alta Tensión se llevaron a término.
En septiembre de 2016 estaba previsto el juicio, pero se suspendió por incomparecencia de la parte denunciante (dos empresas subcontratadas por Iberdrola). El próximo lunes 13 de noviembre se reanudará el juicio en Valencia contra estas cuatro personas por su participación en la oposición vecinal a la Alta Tensión.

La defensa del territorio, y la denuncia de los intereses económicos que asolan comarcas y localidades con total impunidad, llevó entonces a muchas personas a movilizarse para detener la construcción de aquella infrastructura. Más de seis años después, la llamada justicia pretende castigar a quienes defendieron sus sierras y plantaron cara a la administración y a las empresas.

Desde Ediciones El Salmón – Revista Cul de Sac queremos mostrar nuestra solidaridad con todas las personas que participaron en aquellas movilizaciones, algunas de ellas muy cercanas y queridas. Hacemos un llamamiento a los lectores del Salmón para que difundan entre amigos y conocidos estos graves hechos, y para que quienes vivan cerca de Valencia acudan a la concentración ante los juzgados convocada este lunes a las 9:00 de la mañana ante la Ciutat de la Justícia.

Si quieres leer más:
Pobles vius, pobles combatius. Retazos de un año de lucha contra la Alta Tensión [Revista Argelaga, 2013]
Per què no volem l’Alta Tensiò? [Vídeo de la Plataforma contra la Alta Tensión, 2011]
Blog de la Plataforma contra la Alta Tensión

 

 

 

 

«Soy un intelectual privado» (Piergiorgio Bellocchio)

Reproducimos a continuación la última entrevista pública concedida por Piergiorgio Bellocchio, realizada por Antonio Gnoli en 2014 para el diario La Repubblica. Ediciones El Salmón publica ahora De la parte equivocada,  primer volumen de la trilogía «Limitar el deshonor».

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«Soy un intelectual privado: ¡qué maravilla no contar para nada!»

Crítico literario y escritor, una pasión por la política y la edición jamás extinguida, Piergiorgio Bellocchio nos cuenta cómo creó dos históricas revistas, y por qué con 83 años sigue pensando que en la vida es necesario «limitar el deshonor».

El taxista que me lleva desde la estación de tren de Piacenza hasta el Círculo de la Unión —un lugar sobrio, como de otra época, donde se come, se lee el periódico, se juega a las cartas, y donde me espera Piergiorgio Bellocchio— dice que él apoya a la Liga Norte de Matteo Salvini. Dice que no quiere más «negros en nuestra ciudad». Dice que ahora que ha muerto su madre, quiere mudarse a Santo Domingo, donde hay «cantidad de tías buenas y la vida es más barata». Dice que no puede evitarlo. Que por culpa de la reforma de las pensiones de Elsa Fornero ya no podrá recibir pensión alguna. Añade un alud de palabras que no citaré aquí: andrajos ideológicos, prejuicios baratos, resentimiento profundo, quejas que brotan de un desequilibrio que viene de lejos y que jamás se ha curado. «Esa voz no es representativa de la ciudad. Pero nos advierte que ha tenido lugar algo irreversible en las fracturas que atraviesan la sociedad», observa Bellocchio. He concertado una entrevista con él porque como intelectual y escritor es una excepción. Un provinciano de mirada universal. Coherente. Apartado. Un moralista sin moralismos. Sin anteojeras.

¿Quién es el abogado Bellocchio que figura entre los fundadores del Círculo?
Era mi padre. Si hubiera solicitado entrar en el Círculo hace cuarenta años (aunque jamás tuve la menor intención de hacerlo) seguramente me habrían vetado en tanto que traidor a mi clase. Ahora aceptan a todo el mundo con tal de que paguen la cuota mensual. Prefiero a la vieja burguesía, que sabía distinguir. Hoy ha desaparecido.

¿Cómo es la vida en Piacenza para alguien como usted?
La de una persona de ochenta y tantos años que, amén de los agravios connaturales a la edad, padece otras ofensas añadidas por parte de la administración. ¿Quién es capaz hoy en día de descifrar una factura de gas, de teléfono, o las actas de la comunidad de vecinos, los impuestos? Yo ya no tengo fuerzas para hacerlo, y la cosa me cabrea y me indigna. Números, siglas, fórmulas misteriosas. Tampoco consigo leer los periódicos, ni ver la tele o ir al cine. Estamos bombardeados por publicidad. Asediados telefónicamente por ofertas supuestamente inmejorables. El libre mercado ha sacado lo peor de nosotros. Añoro la época de los monopolios.

¿Cómo era la relación con su padre?
Murió cuando yo tenía 24 años. Fue una relación obviamente muy conflictiva. Empezando por las desilusiones en el plano académico.

Me lo imaginaba como un estudiante modelo.
Todo lo contrario. Una educación humanística tirada a la basura. No soportaba el runrún académico y el conformismo cultural. Tenía ganas de escribir y de leer otras cosas.

¿Escribir el qué?
Quería ser periodista. Es más, al principio, dada mi predisposición al dibujo, me habría encantado dibujar viñetas.

¿Y qué pasó?
Mi pasión periodística, amén de editorial, me llevó a optar por la autogestión, tanto en el caso de Quaderni piacentini como con Diario): que además es de lo que más orgulloso me siento.

Empecemos con Quaderni piacentini. ¿Cómo se gestó?
Retrocederé un poco: con varios amigos, tuvimos la idea de crear un círculo para debatir sobre política y cultura. Conseguimos invitar a personajes como Danilo Dolci, Paolo Grassi, Carlo Bo, Ernesto de Martino, Franco Fortini.

Sobre todo Fortini fue muy importante para Quaderni.
Con él la relación fue decisiva y difícil. Era invisible para el poder político y cultural, lo que para mí constituía un valor. Me atraía su capacidad de ofrecer una versión más heterodoxa y menos predecible del marxismo.

Más Brecht y menos Lenin.
En su momento, Fortini me preguntó qué es lo que más me gustaba de Brecht. «La Ópera de los tres centavos», contesté. «Se ve que no es usted marxista —replicó—. Santa Juana de los mataderos es su mejor obra», añadió con énfasis. En el fondo, mi incapacidad para ser plenamente marxista equivalía para él a un vacío espantoso.

¿Y para usted?
Pues en aquella época para mí también lo era un poco. Pero jamás me abstuve de frecuentar ciertas compañías «sospechosas». Y muy pronto entendí que mi tabla de salvación radicaba en esa indisciplina.

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Beberemos el agua de las alcantarillas

“Beberemos el agua del váter” (eldiario.es, 2/09/2017):

“Por eso muchos expertos en gestión del agua señalan la recuperación de las aguas residuales como una de las grandes oportunidades para garantizar el derecho humano al agua potable y de saneamiento. Avanzar hacia un uso circular del agua o, dicho de otro modo, dejar de darnos el lujazo de utilizar el mismo agua que bebemos para tirar de la cadena”.

El Jardín de Babilonia

Cincuenta años antes, Bernard Charbonneau escribía en su libro El Jardín de Babilonia:

Mientras tanto, [al organismo] sólo le cabe padecer, respirar este aire cargado de pestilencias que se espesa bajo la boina polvorienta de las ciudades. Y beber y lavarse con un agua que no es sino el agua, “reciclada”, de sus alcantarillas: igual que ciertos náufragos, la ciudad se ve obligada a beber su propia orina.

 

‘Patria’, una novela que refleja muy bien el conflicto austrohúngaro

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Patria, de Fernando Aramburu: una novela que refleja muy bien el conflicto austrohúngaro 

Algunas reflexiones sobre la claudicación de la crítica (y algo más)

Javier Rodríguez Hidalgo

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En el próximo número de nuestra revista Cul de Sac, que esperamos publicar a finales de año, aparecerá esta reseña de la novela de Fernando Aramburu Patria, el fenónemo-literario-del-año. Hemos querido adelantarnos unos meses a su aparición en papel y favorecer así una discusión que explore los resortes que han hecho de esta novela un éxito total de público y crítica.

Javier Rodríguez Hidalgo (1978) es traductor y escritor. Entre 2001 y 2002 estuvo en la cárcel por delito de insumisión. Colaboró con el boletín de crítica antiindustrial Los Amigos de Ludd, aparecido entre los años 2001 y 2006. Más tarde fue el editor de la revista Resquicios. Ha participado en la lucha contra el TAV (Tren de Alta Velocidad) en el País Vasco. Asimismo, ha traducido al castellano a Lewis Mumford, E. M. Forster, H. D. Thoreau, Alexandre M. Jacob, Jaime Semprun, René Riesel, Jean-Marc Mandosio, Pablo Sastre y Joseba Sarrionandia, entre otros. En Ed. El Salmón ha publicado los libros La revolución en la crítica de Félix Rodrigo Mora y ¿Sólo un dios puede aún salvarnos? Heidegger y la técnica, amén de haber traducido los libros George Orwell ante sus calumniadores, Un futuro sin porvenir. Por qué no hay que salvar la investigación científica, Foucault: la longevidad de una impostura, El paraíso -que merece ser- recobrado y La Máquina se para. Para Cul de Sac ha colaborado con los artículos «Imaginarios apocalípticos», «¿Hay una transición en la cultura?», «Ante el auge del neomarxismo» e «I, desgraciadamente, el dolor crece».

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La novela

En un principio, mi intención era hacer una reseña de Patria exclusivamente como obra literaria, ya que me parecía que la mayor parte de críticas que no han dejado de publicarse en la prensa desde septiembre se han centrado sobre todo en el contenido político del libro (su «mensaje», por decirlo con un término que detesto pero que resulta más que adecuado en este caso). Echaba de menos un análisis de lo que fundamentalmente debería decidir si Patria es una buena novela o no, esto es, de la calidad de la prosa de Aramburu. Pero casi todo lo que había que decir al respecto lo dijo Iban Zaldua en «La literatura, ¿sirve para algo? [1]». Para evitar ser redundante, he preferido completar su análisis y tratar de entender cómo una novela tan mediocre ha podido suscitar tantos encomios por parte de una crítica que, si hubiera sido digna de tal nombre, debería haber mostrado más lucidez ante el fenómeno Patria. Sigue leyendo