Presentación de ‘La destrucción de la ciudad’ (Madrid, 10 de febrero)

45fb02011dEl viernes 10 de febrero tendrá lugar la presentación del libro La destrucción de la ciudad (Ed. Catarata), de Juanma Agulles, miembro de Cul de Sac y Ed. El Salmón. El libro se ha alzado con el III Premio Catarata de Ensayo.

El acto tendrá lugar en la librería Traficantes de Sueños (C/Duque de Alba 13. Metro Tirso de Molina), a partir de las 19:00.

¿Podemos seguir llamando ciudades a lo construido durante los dos últimos siglos de industrialización?

Megalópolis y tecnópolis proliferan hoy en nuestro mundo, borrando los límites internos y externos sobre los que históricamente se ha construido la ciudad. Junto a la multiplicación de infraestructuras urbanas de transporte, energía o telecomunicaciones, megatugurios, slums, campos de refugiados, poblados de chabolas, “ciudades rodantes” y otros asentamientos precarios y provisionales han terminado por convertirse en las construcciones más generalizadas de nuestra era industrial.

Una expansión que aunque ha urbanizado una gran parte del planeta, bajo el dictum indeclinable del crecimiento económico, está haciendo desaparecer la ciudad como elemento histórico y forma de construir el espacio social. Esta realidad urbana no ha hecho más que agravarse en un contexto tecnológico que dista mucho de la primera urbanización europea y en un capitalismo global que requiere de combustibles fósiles no renovables para mantener su crecimiento. Como sostiene su autor, “el modo de vida urbano se convierte hoy en la utopía realizada de la industrialización. Para tomar forma, ha necesitado destruir tanto el mundo rural como las ciudades que florecieron a lo largo de la historia humana. Y, por raro que parezca, muchos urbanistas soñaron con un mundo sin ciudades”.

En este ensayo, Juanma Agulles nos plantea un recorrido por las diferentes formas que ha adoptado la destrucción de la ciudad a través del industrialismo y sus planes urbanísticos y arquitectónicos, al tiempo que es una lúcida reflexión sobre las posibilidades de salir de la “ciudad sin límites”.

Libros para no quemar

La revista Hincapié ha elegido a nuestro salmón La Máquina se para de E.M. Forster como uno de los mejores libros publicados en 2016 o, como dicen ellos, para no quemar:

Una distopía –aún más próxima a nosotros que las de Orwell y Huxley– que relata los tiempos que vivimos supeditados a la megamáquina tecnológica, pero escrita en 1909 por E.M. Forster, autor de Pasaje a la India, Una habitación con vistas o Howards End. Hombres frente a pantallas y espacios cerrados durante sus 24 horas, aislados por gracia de una Megamáquina programada para pensar por ellos. Los díscolos o no aptos son deshauciados socialmente. Kuno, su protagonista, lo es por aventurarse a explorar el exterior. El desarrollo social es sólo el desarrollo de la máquina. Hasta que ésta no puede ser controlada. ¿Cuántos Kunos hay entre nosotros?

El resto de libros salvados de la quema, aquí.

La responsabilidad de la ciencia

atomic-bomb-records«La paradoja de la ciencia moderna reside en que este sentimiento de ignorancia y de soledad, esta reducción de lo que un individuo puede saber a un parcela cada vez más insignificante, camina de la mano de la certeza de la apertura de horizontes ilimitados de conocimiento y poder. “Creo que la idea de progreso científico está ligada de manera indisoluble a la noción de destino humano”, afirma Oppenheimer; y cabría interpretar que, entre otras cosas, quiere decir que ningún avance del conocimiento es hoy puramente teórico: incluso las construcciones más abstrusas de las matemáticas pueden convertirse en medios para influenciar, modificar o poner en peligro las condiciones de existencia de la humanidad. En consecuencia, el científico no puede sentirse en ningún momento exento de responsabilidad, libre de jugar con las hipótesis, seguro, como se sentía en el siglo pasado, de que sus descubrimientos no pueden, en definitiva, sino ser útiles a la humanidad».

[Apocalipsis nuclear y razón de Estado, Nicola Chiaromonte, 1958. Puedes leerlo en la página web Un tiempo de mala fe]

El Dios del Progreso

credere-e-non-credere-di-nicola-chiaromonte-1971-bompiani-i-edizione-prima-331943591886-500x710En 1971 se publicó en Italia el libro Credere e non credere, traducción italiana de The Paradox of History, libro en el que, a través del estudio de distintas novelas de Stendhal, Tolstoi, Malraux o Pasternak, Nicola Chiaromonte había tratado de exponer cómo la creencia en la Historia (con hache mayúscula), fetiche de la modernidad, se había derrumbado poco a poco hasta mutar en una fe en el progreso tecnológico y en la exaltación de la fuerza. En la edición italiana, Chiaromonte añadió dos capítulos más: Creer y no creer y El Dios del Progreso, este último ahora disponible en la web dedicada a la vida y pensamiento de Nicola Chiaromonte, Un tiempo de mala fe.

El Dios del Progreso ahonda en las reflexiones sobre la relación entre Historia, progreso tecnológico y totalitarismo, elementos que Chiaromonte vio transformarse en dogma a través de la Razón de Estado auspiciada por el partido de los marxistas y por algunos de sus insignes representantes, como Jean-Paul Sartre, objeto de una dura crítica por parte de Chiaromonte.

chiaromonte-3La figura de Nicola Chiaromonte (1905-1972), escritor y filósofo libertario italiano, enemigo de los dos grandes movimientos de su época, el totalitarismo político y el totalitarismo de la máquina, resulta imprescindible para comprender nuestro tiempo, y por ese motivo desde Ed. El Salmón & Revista Cul de Sac daremos a conocer su obra, a través de la publicación de sus libros y artículos, y mediante la página web Un tiempo de mala fe.

Necesitamos un nuevo vocabulario político

Necesitamos un nuevo vocabulario político

—Radicales contra Progresistas—

(1946)

 

Dwight Macdonald (1906-1082)

Dwight Macdonald (1906-1082)

Entre la Revolución Francesa (1789) y 1928, las tendencias políticas podían dividirse más o menos entre «Derecha» e «Izquierda». Pero los términos de la lucha por la liberación del ser humano cambiaron en 1928 ―el cambio se había estado gestando desde mucho antes, desde luego, pero 1928 bien podría considerarse como un Rubicón. Déjenme que trate de definir la «Izquierda» y la «Derecha» del periodo 1789-1928.

La izquierda comprendía a todos aquellos que buscaban un cambio en las instituciones sociales que volvería más igualitaria (o completamente igualitaria) la distribución de la renta y que reduciría los privilegios de clase (o que se libraría por completo de las clases). El concepto intelectual central era la validez del método científico; el concepto moral central era la dignidad del Ser Humano y el derecho individual a la libertad y al pleno desarrollo personal. La sociedad se concebía, por tanto, como un medio para un fin: la felicidad de los individuos. Existían importantes diferencias en cuanto al método (como reforma vs. Revolución, liberalismo vs. lucha de clases) pero respecto a los principios la Izquierda estaba bastante de acuerdo.

La Derecha estaba formada por aquellos que o bien estaban satisfechos con el statu quo (conservadores) o bien aquellos que querían que éste se volviera menos igualitario (reaccionarios). En nombre de la Autoridad, la Derecha se resistía al cambio y, en nombre de la Tradición, también se oponía, lógicamente, a lo que se había convertido en el vector cultural del cambio: la voluntad, común por igual a Bentham y Marx, Jefferson y Kropotkin, de seguir la investigación científica adonde fuera que condujera y rediseñar las instituciones de acuerdo a ella. Los que se encontraban en la Derecha pensaban en términos de una sociedad «orgánica», en la que la sociedad es el fin y los ciudadanos el medio. Justificaban las desigualdades en la renta y los privilegios alegando una desigualdad intrínseca en los individuos, tanto en sus dotes como en su valía.

Esta gran línea divisoria se ha vuelto cada vez más nebulosa Sigue leyendo