Beberemos el agua de las alcantarillas

“Beberemos el agua del váter” (eldiario.es, 2/09/2017):

“Por eso muchos expertos en gestión del agua señalan la recuperación de las aguas residuales como una de las grandes oportunidades para garantizar el derecho humano al agua potable y de saneamiento. Avanzar hacia un uso circular del agua o, dicho de otro modo, dejar de darnos el lujazo de utilizar el mismo agua que bebemos para tirar de la cadena”.

El Jardín de Babilonia

Cincuenta años antes, Bernard Charbonneau escribía en su libro El Jardín de Babilonia:

Mientras tanto, [al organismo] sólo le cabe padecer, respirar este aire cargado de pestilencias que se espesa bajo la boina polvorienta de las ciudades. Y beber y lavarse con un agua que no es sino el agua, “reciclada”, de sus alcantarillas: igual que ciertos náufragos, la ciudad se ve obligada a beber su propia orina.

 

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La ecología del poder —Bernard Charbonneau

Bernard Charbonneau, autor de El Jardín de Babilonia:

Un día, el poder se verá obligado a practicar la ecología. Una perspectiva sin ilusión puede llevar a pensar que, salvo catástrofe, el giro ecológico no lo llevará a cabo una oposición minoritaria y desprovista de medios, sino la burguesía en el poder, el día en el que no pueda hacer otra cosa. Serán los distintos responsables de haber arruinado la Tierra quienes procederán a salvar a los pocos que hayan quedado, y que después de la abundancia gestionarán la escasez y la supervivencia. Y es que quienes carecen de prejuicios, no creen en el desarrollo ni en la ecología: sólo creen en el poder.

Le Feu vert, autocritique du mouvement écologique, 1980

Henriette (1919-2005) y Bernard Charbonneau (1910-1996)
(hacia 1990)

 

¿Es indecente apreciar la primavera? —George Orwell

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George Orwell con su hijo Richard, en 1946. (Foto tomada por Vernon Richards)

[…] ¿Es indecente apreciar la primavera y otros cambios de estación? O, para ser más precisos, ¿es políticamente condenable que mientras sollozamos —o al menos deberíamos sollozar— bajo el yugo del sistema capitalista, señalemos que lo que vuelve la vida más digna de ser vivida es el canto de un mirlo, las hojas cobrizas del olmo en octubre, o cualquier fenómeno natural que no cuesta dinero y que carece de lo que los editores de los periódicos izquierdistas denominarían «una perspectiva de clase»? No cabe duda de que mucha gente piensa así. Sé por experiencia propia que una referencia positiva a la «Naturaleza» en uno de mis artículos atraerá sobre mí cartas injuriosas, y aunque la palabra clave que suele deslizarse en estas cartas es «sentimental», en ellas parecen mezclarse dos ideas.

La primera es que todo placer que se sienta en los procesos mismos de la vida alienta una suerte de parálisis política. La gente, como suele decirse, debería estar descontenta, y se supone que nuestra labor es multiplicar nuestras necesidades, y no limitarnos a aumentar el goce que sentimos con las cosas que ya tenemos. La otra idea es que vivimos en la era de las máquinas, y que no amar a las máquinas, o incluso querer limitar su dominación, es una actitud retrógrada, reaccionaria y ligeramente ridícula. Sigue leyendo

Hay que rechazar el desarrollo (Pier Paolo Pasolini)

Muy pronto, en Ed. El Salmón, La lengua vulgar, de Pier Paolo Pasolini.

El «modelo de desarrollo», que está cerca de alcanzar su madurez, es el que nos ha impuesto la sociedad capitalista. Proponer otros modelos de desarrollo, significa aceptar ese primer modelo de desarrollo. Significa querer mejorarlo, modificarlo, corregirlo. No: no hay que aceptar ese «modelo de desarrollo». Como tampoco es suficiente con rechazar ese «modelo de desarrollo». Hay que rechazar el «desarrollo». […] Cinco años de «desarrollo» han convertido a los italianos en un pueblo de idiotas y de neuróticos. Cinco años de miseria pueden llevarlos de nuevo a su humanidad, por mísera que sea.

pasolini borgata

Ecofascismo (Bernard Charbonneau)

A pesar de las apariencias, el ecofascismo tiene todo el futuro por delante, y podría tratarse de un régimen totalitario tanto de izquierdas como de derechas, según dicte la necesidad. De hecho, los gobiernos se verán cada vez más obligados a tomar medidas para gestionar unos recursos y un espacio que con el paso del tiempo irán escaseando. Una contabilidad exhaustiva registrará, con todos los costes, los bienes —en su día gratuitos— utilizados por la industria y el turismo. El mar, el paisaje y el silencio se convertirán en mercancías que serán fabricadas y reguladas, y por las que se tendrá que pagar. Y la distribución de estos artículos de primera necesidad estará regulada según sea el caso por la ley de la oferta y la demanda o por el racionamiento que atenuará el inevitable mercado negro. La preservación de los niveles de oxígeno necesarios para la vida sólo se podrá garantizar a costa de sacrificar otro fluido vital: la libertad. Pero, como en tiempos de guerra, la defensa del bien común, de la tierra, hará que valga la pena el sacrificio. Ya la actuación de los ecologistas comenzó a tejer esa red de regulaciones que prevén multas y penas de cárcel con el fin de proteger la naturaleza contra su explotación incontrolada. ¿Qué más se puede hacer? Lo que nos espera, como durante la última guerra total, es probablemente una mezcla de organización tecnocrática y regreso a la Edad de Piedra.

Bernard Charbonneau, 1980