‘Patria’, una novela que refleja muy bien el conflicto austrohúngaro

versión-para-descarga-Patria-novela-refleja-conflicto-austrohúngaro

Patria, de Fernando Aramburu: una novela que refleja muy bien el conflicto austrohúngaro 

Algunas reflexiones sobre la claudicación de la crítica (y algo más)

Javier Rodríguez Hidalgo

*

En el próximo número de nuestra revista Cul de Sac, que esperamos publicar a finales de año, aparecerá esta reseña de la novela de Fernando Aramburu Patria, el fenónemo-literario-del-año. Hemos querido adelantarnos unos meses a su aparición en papel y favorecer así una discusión que explore los resortes que han hecho de esta novela un éxito total de público y crítica.

Javier Rodríguez Hidalgo (1978) es traductor y escritor. Entre 2001 y 2002 estuvo en la cárcel por delito de insumisión. Colaboró con el boletín de crítica antiindustrial Los Amigos de Ludd, aparecido entre los años 2001 y 2006. Más tarde fue el editor de la revista Resquicios. Ha participado en la lucha contra el TAV (Tren de Alta Velocidad) en el País Vasco. Asimismo, ha traducido al castellano a Lewis Mumford, E. M. Forster, H. D. Thoreau, Alexandre M. Jacob, Jaime Semprun, René Riesel, Jean-Marc Mandosio, Pablo Sastre y Joseba Sarrionandia, entre otros. En Ed. El Salmón ha publicado los libros La revolución en la crítica de Félix Rodrigo Mora y ¿Sólo un dios puede aún salvarnos? Heidegger y la técnica, amén de haber traducido los libros George Orwell ante sus calumniadores, Un futuro sin porvenir. Por qué no hay que salvar la investigación científica, Foucault: la longevidad de una impostura, El paraíso -que merece ser- recobrado y La Máquina se para. Para Cul de Sac ha colaborado con los artículos «Imaginarios apocalípticos», «¿Hay una transición en la cultura?», «Ante el auge del neomarxismo» e «I, desgraciadamente, el dolor crece».

*

La novela

En un principio, mi intención era hacer una reseña de Patria exclusivamente como obra literaria, ya que me parecía que la mayor parte de críticas que no han dejado de publicarse en la prensa desde septiembre se han centrado sobre todo en el contenido político del libro (su «mensaje», por decirlo con un término que detesto pero que resulta más que adecuado en este caso). Echaba de menos un análisis de lo que fundamentalmente debería decidir si Patria es una buena novela o no, esto es, de la calidad de la prosa de Aramburu. Pero casi todo lo que había que decir al respecto lo dijo Iban Zaldua en «La literatura, ¿sirve para algo? [1]». Para evitar ser redundante, he preferido completar su análisis y tratar de entender cómo una novela tan mediocre ha podido suscitar tantos encomios por parte de una crítica que, si hubiera sido digna de tal nombre, debería haber mostrado más lucidez ante el fenómeno Patria. Sigue leyendo

Hostia, un salmón (Madrid, 24 de junio)

Este sábado 24 de junio las ediciones del Salmón estarán presentes en la IV edición del festival ¡Hostia, un libro!, un evento que, como recogen en su página web, participan todo tipo de editoriales independientes, fanzines, libros-objeto, proyectos de autoedición y, en general, cualquier iniciativa editorial no vinculada con grandes grupos de comunicación.

El festival tendrá lugar desde las 12h de la mañana hasta las 22h de la noche, en el Campo de la Cebada (Metro La Latina).

Viaje a la China maoísta

“Surcar los mares depende del timonel, hacer la revolución depende del pensamiento de Mao Zedong”

Como complemento a la publicación en septiembre de El traje nuevo del presidente Mao, libro en el que Simon Leys denunciara en 1971 la terrible «Revolución Cultural» china jaleada por la mayoría de los intelectuales progresistas, en Ediciones El Salmón queremos rescatar una serie de escritos que dedicara Nicola Chiaromonte a la China de Mao desde los años cincuenta. Viaje a la China maoísta, escrito en 1956, expone la bajeza moral de la campaña orquestada por Jean-Paul Sartre y sus acólitos contra el periodista y escritor Robert Guillain, que había osado revelar las miserias de un régimen que había reducido a su población al estado de «hormigas y de gramófonos». El siguiente artículo de esta serie será China y los dioses de Occidente, publicado en 1958.

[Robert] Guillain explica y analiza algo que los comunistas tacharían tranquilamente de fútil «espiritualidad»: la condición asfixiante del aire que había respirado en China, la espantosa uniformidad de la existencia colectiva, la «socialización de los cerebros», el minucioso funcionamiento del control político sobre la población establecido por el régimen, labor en manos de los comités de barrio y de bloques de vivienda, en virtud del cual todo el mundo se sabe fatalmente vigilante y espía, sin necesidad de una abstrusa organización policial. […] Por un lado, una inmensa empresa organizativa y tecnológica; por el otro, un pueblo de seiscientos millones de individuos reducidos al estado de hormigas y de gramófonos. Hormigas y gramófonos voluntarios, insiste Guillain: representante, detentor y maestro de todas las virtudes, desde el pensamiento recto a la higiene doméstica, el Estado chino impone irremediablemente a sus súbditos, al menos en las apariencias, el ejercicio de la virtud voluntaria: porque, cuando impera por doquier la virtud, ¿quién osará declararse réprobo y corrupto?

Debate sobre Pasolini y la ‘vulgar lengua’ (Madrid, 9 de junio)

El viernes 9 de junio tendrá lugar un debate a raíz de la publicación de Vulgar lengua, de Pier Paolo Pasolini. El acto está organizado por Ediciones El Salmón y la Librería Eleutheria, y contará con la presencia de Adrián Almazán, miembro del colectivo editor. Será en el Ateneo Nosaltres (Calle de la Esperanza 5, metro Lavapiés o Antón Martín), a partir de las 20:00 horas.

«Todo lo que ha hecho el capitalismo hasta hace diez años, es decir, la centralización clérico-fascista, no ha hecho un solo rasguño a la diversidad cultural de los italianos. Antropológicamente, un siciliano era un siciliano, un albanés era un albanés y un friulano era un friulano. Nada los había transformado. La llegada de la cultura de masas, de los mass media, de la televisión, del nuevo tipo de escuela, del nuevo tipo de información y, sobre todo, de las nuevas infraestructuras, es decir, el consumismo, ha llevado a cabo una aculturación, una centralización que ningún gobierno que se declarara centralista había conseguido jamás. El consumismo, que se declara tolerante, abierto a la posibilidad de una descentralización, es, por el contrario, terriblemente centralista. Ha conseguido perpetrar ese genocidio que el capitalismo perpetró en Francia o en Inglaterra tal vez ya en tiempos de Marx, y del que hablara el propio Marx».