Viaje a la China maoísta

“Surcar los mares depende del timonel, hacer la revolución depende del pensamiento de Mao Zedong”

Como complemento a la publicación en septiembre de El traje nuevo del presidente Mao, libro en el que Simon Leys denunciara en 1971 la terrible «Revolución Cultural» china jaleada por la mayoría de los intelectuales progresistas, en Ediciones El Salmón queremos rescatar una serie de escritos que dedicara Nicola Chiaromonte a la China de Mao desde los años cincuenta. Viaje a la China maoísta, escrito en 1956, expone la bajeza moral de la campaña orquestada por Jean-Paul Sartre y sus acólitos contra el periodista y escritor Robert Guillain, que había osado revelar las miserias de un régimen que había reducido a su población al estado de «hormigas y de gramófonos». El siguiente artículo de esta serie será China y los dioses de Occidente, publicado en 1958.

[Robert] Guillain explica y analiza algo que los comunistas tacharían tranquilamente de fútil «espiritualidad»: la condición asfixiante del aire que había respirado en China, la espantosa uniformidad de la existencia colectiva, la «socialización de los cerebros», el minucioso funcionamiento del control político sobre la población establecido por el régimen, labor en manos de los comités de barrio y de bloques de vivienda, en virtud del cual todo el mundo se sabe fatalmente vigilante y espía, sin necesidad de una abstrusa organización policial. […] Por un lado, una inmensa empresa organizativa y tecnológica; por el otro, un pueblo de seiscientos millones de individuos reducidos al estado de hormigas y de gramófonos. Hormigas y gramófonos voluntarios, insiste Guillain: representante, detentor y maestro de todas las virtudes, desde el pensamiento recto a la higiene doméstica, el Estado chino impone irremediablemente a sus súbditos, al menos en las apariencias, el ejercicio de la virtud voluntaria: porque, cuando impera por doquier la virtud, ¿quién osará declararse réprobo y corrupto?

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