La raíz es el hombre

dwight_macdonald_la_raiz_es_el_hombre

La raíz es el hombre

—Radicales contra progresistas—

Prólogo de Czesław Miłosz

*

Dwight Macdonald

~ ~

Traducción de Salvador Cobo

250 páginas

14x20cm

P.V.P.: 14€

ISBN: 978-84-943217-7-1

Descárgate las primeras páginas

~

Dwight Macdonald ha dado la espalda a todas las ideologías que tratan al ser humano como un objeto. Su mayor preocupación es crear un humanismo moderno que pueda hacer frente a la gigantesca burocracia y a la bomba atómica.

Hannah Arendt

Dwight Macdonald es un fenómeno completamente americano, en la tradición de Thoreau, Whitman y Melville: el hombre completamente libre, capaz de tomar decisiones en todo momento y sobre cualquier asunto prestando únicamente atención a su ética personal.

Czesław Miłosz

Era radical, era conservador, era sensible, era mordaz. Empleó su talento en escribir parte de la mejor crítica política y literaria de nuestra época. Pero más importante aún que su obra, fue su influencia. Fue uno de los mejores maestros de escritura del mundo.

Norman Mailer

La especialidad de Dwight Macdonald radicaba en su capacidad para derribar la sabiduría convencional, destapar el fraude de los presuntuosos y expresar opiniones heréticas.

The New York Times

Dwight Macdonald era un provocador y merece la pena leerle. La calidad de sus ensayos es directamente proporcional a su ambición.

The Washington Post

~

«Todo el mundo tiene derecho a ser estúpido», escribió Trotski en 1938, «pero el camarada Macdonald abusa de este privilegio». Era la respuesta a un artículo publicado en la prensa trotskista estadounidense en el que Dwight Macdonald criticaba duramente la represión del alzamiento de los marineros y obreros de Kronstadt en 1921 contra el gobierno bolchevique, así como el papel desempeñado en aquellos sucesos por el entonces líder del Ejército Rojo. «El hecho de comenzar mi andadura en el trotskismo», recordaba el autor varias décadas después, «con una polémica sobre un asunto tan delicado, y nada menos que contra el gran maestro de la Orden, puede que fuera cuestión de ética, arrogancia, ingenuidad, una simple chaladura, o una mezcla de todo ello. Pero fue sintomático». Y, en efecto, revelaba muy pronto el carácter herético e independiente de uno de los intelectuales estadounidenses más importantes del siglo XX. Sigue leyendo

¿Es indecente apreciar la primavera? —George Orwell

orwell-con-su-hijo

George Orwell con su hijo Richard, en 1946. (Foto tomada por Vernon Richards)

[…] ¿Es indecente apreciar la primavera y otros cambios de estación? O, para ser más precisos, ¿es políticamente condenable que mientras sollozamos —o al menos deberíamos sollozar— bajo el yugo del sistema capitalista, señalemos que lo que vuelve la vida más digna de ser vivida es el canto de un mirlo, las hojas cobrizas del olmo en octubre, o cualquier fenómeno natural que no cuesta dinero y que carece de lo que los editores de los periódicos izquierdistas denominarían «una perspectiva de clase»? No cabe duda de que mucha gente piensa así. Sé por experiencia propia que una referencia positiva a la «Naturaleza» en uno de mis artículos atraerá sobre mí cartas injuriosas, y aunque la palabra clave que suele deslizarse en estas cartas es «sentimental», en ellas parecen mezclarse dos ideas.

La primera es que todo placer que se sienta en los procesos mismos de la vida alienta una suerte de parálisis política. La gente, como suele decirse, debería estar descontenta, y se supone que nuestra labor es multiplicar nuestras necesidades, y no limitarnos a aumentar el goce que sentimos con las cosas que ya tenemos. La otra idea es que vivimos en la era de las máquinas, y que no amar a las máquinas, o incluso querer limitar su dominación, es una actitud retrógrada, reaccionaria y ligeramente ridícula. Sigue leyendo

Presentación de ‘La destrucción de la ciudad’ (Madrid, 10 de febrero)

45fb02011dEl viernes 10 de febrero tendrá lugar la presentación del libro La destrucción de la ciudad (Ed. Catarata), de Juanma Agulles, miembro de Cul de Sac y Ed. El Salmón. El libro se ha alzado con el III Premio Catarata de Ensayo.

El acto tendrá lugar en la librería Traficantes de Sueños (C/Duque de Alba 13. Metro Tirso de Molina), a partir de las 19:00.

¿Podemos seguir llamando ciudades a lo construido durante los dos últimos siglos de industrialización?

Megalópolis y tecnópolis proliferan hoy en nuestro mundo, borrando los límites internos y externos sobre los que históricamente se ha construido la ciudad. Junto a la multiplicación de infraestructuras urbanas de transporte, energía o telecomunicaciones, megatugurios, slums, campos de refugiados, poblados de chabolas, “ciudades rodantes” y otros asentamientos precarios y provisionales han terminado por convertirse en las construcciones más generalizadas de nuestra era industrial.

Una expansión que aunque ha urbanizado una gran parte del planeta, bajo el dictum indeclinable del crecimiento económico, está haciendo desaparecer la ciudad como elemento histórico y forma de construir el espacio social. Esta realidad urbana no ha hecho más que agravarse en un contexto tecnológico que dista mucho de la primera urbanización europea y en un capitalismo global que requiere de combustibles fósiles no renovables para mantener su crecimiento. Como sostiene su autor, “el modo de vida urbano se convierte hoy en la utopía realizada de la industrialización. Para tomar forma, ha necesitado destruir tanto el mundo rural como las ciudades que florecieron a lo largo de la historia humana. Y, por raro que parezca, muchos urbanistas soñaron con un mundo sin ciudades”.

En este ensayo, Juanma Agulles nos plantea un recorrido por las diferentes formas que ha adoptado la destrucción de la ciudad a través del industrialismo y sus planes urbanísticos y arquitectónicos, al tiempo que es una lúcida reflexión sobre las posibilidades de salir de la “ciudad sin límites”.

Hay que rechazar el desarrollo (Pier Paolo Pasolini)

Muy pronto, en Ed. El Salmón, La lengua vulgar, de Pier Paolo Pasolini.

El «modelo de desarrollo», que está cerca de alcanzar su madurez, es el que nos ha impuesto la sociedad capitalista. Proponer otros modelos de desarrollo, significa aceptar ese primer modelo de desarrollo. Significa querer mejorarlo, modificarlo, corregirlo. No: no hay que aceptar ese «modelo de desarrollo». Como tampoco es suficiente con rechazar ese «modelo de desarrollo». Hay que rechazar el «desarrollo». […] Cinco años de «desarrollo» han convertido a los italianos en un pueblo de idiotas y de neuróticos. Cinco años de miseria pueden llevarlos de nuevo a su humanidad, por mísera que sea.

pasolini borgata

Ecofascismo (Bernard Charbonneau)

A pesar de las apariencias, el ecofascismo tiene todo el futuro por delante, y podría tratarse de un régimen totalitario tanto de izquierdas como de derechas, según dicte la necesidad. De hecho, los gobiernos se verán cada vez más obligados a tomar medidas para gestionar unos recursos y un espacio que con el paso del tiempo irán escaseando. Una contabilidad exhaustiva registrará, con todos los costes, los bienes —en su día gratuitos— utilizados por la industria y el turismo. El mar, el paisaje y el silencio se convertirán en mercancías que serán fabricadas y reguladas, y por las que se tendrá que pagar. Y la distribución de estos artículos de primera necesidad estará regulada según sea el caso por la ley de la oferta y la demanda o por el racionamiento que atenuará el inevitable mercado negro. La preservación de los niveles de oxígeno necesarios para la vida sólo se podrá garantizar a costa de sacrificar otro fluido vital: la libertad. Pero, como en tiempos de guerra, la defensa del bien común, de la tierra, hará que valga la pena el sacrificio. Ya la actuación de los ecologistas comenzó a tejer esa red de regulaciones que prevén multas y penas de cárcel con el fin de proteger la naturaleza contra su explotación incontrolada. ¿Qué más se puede hacer? Lo que nos espera, como durante la última guerra total, es probablemente una mezcla de organización tecnocrática y regreso a la Edad de Piedra.

Bernard Charbonneau, 1980