¿Es indecente apreciar la primavera? —George Orwell

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George Orwell con su hijo Richard, en 1946. (Foto tomada por Vernon Richards)

[…] ¿Es indecente apreciar la primavera y otros cambios de estación? O, para ser más precisos, ¿es políticamente condenable que mientras sollozamos —o al menos deberíamos sollozar— bajo el yugo del sistema capitalista, señalemos que lo que vuelve la vida más digna de ser vivida es el canto de un mirlo, las hojas cobrizas del olmo en octubre, o cualquier fenómeno natural que no cuesta dinero y que carece de lo que los editores de los periódicos izquierdistas denominarían «una perspectiva de clase»? No cabe duda de que mucha gente piensa así. Sé por experiencia propia que una referencia positiva a la «Naturaleza» en uno de mis artículos atraerá sobre mí cartas injuriosas, y aunque la palabra clave que suele deslizarse en estas cartas es «sentimental», en ellas parecen mezclarse dos ideas.

La primera es que todo placer que se sienta en los procesos mismos de la vida alienta una suerte de parálisis política. La gente, como suele decirse, debería estar descontenta, y se supone que nuestra labor es multiplicar nuestras necesidades, y no limitarnos a aumentar el goce que sentimos con las cosas que ya tenemos. La otra idea es que vivimos en la era de las máquinas, y que no amar a las máquinas, o incluso querer limitar su dominación, es una actitud retrógrada, reaccionaria y ligeramente ridícula. Sigue leyendo

Presentación de ‘La destrucción de la ciudad’ (Madrid, 10 de febrero)

45fb02011dEl viernes 10 de febrero tendrá lugar la presentación del libro La destrucción de la ciudad (Ed. Catarata), de Juanma Agulles, miembro de Cul de Sac y Ed. El Salmón. El libro se ha alzado con el III Premio Catarata de Ensayo.

El acto tendrá lugar en la librería Traficantes de Sueños (C/Duque de Alba 13. Metro Tirso de Molina), a partir de las 19:00.

¿Podemos seguir llamando ciudades a lo construido durante los dos últimos siglos de industrialización?

Megalópolis y tecnópolis proliferan hoy en nuestro mundo, borrando los límites internos y externos sobre los que históricamente se ha construido la ciudad. Junto a la multiplicación de infraestructuras urbanas de transporte, energía o telecomunicaciones, megatugurios, slums, campos de refugiados, poblados de chabolas, “ciudades rodantes” y otros asentamientos precarios y provisionales han terminado por convertirse en las construcciones más generalizadas de nuestra era industrial.

Una expansión que aunque ha urbanizado una gran parte del planeta, bajo el dictum indeclinable del crecimiento económico, está haciendo desaparecer la ciudad como elemento histórico y forma de construir el espacio social. Esta realidad urbana no ha hecho más que agravarse en un contexto tecnológico que dista mucho de la primera urbanización europea y en un capitalismo global que requiere de combustibles fósiles no renovables para mantener su crecimiento. Como sostiene su autor, “el modo de vida urbano se convierte hoy en la utopía realizada de la industrialización. Para tomar forma, ha necesitado destruir tanto el mundo rural como las ciudades que florecieron a lo largo de la historia humana. Y, por raro que parezca, muchos urbanistas soñaron con un mundo sin ciudades”.

En este ensayo, Juanma Agulles nos plantea un recorrido por las diferentes formas que ha adoptado la destrucción de la ciudad a través del industrialismo y sus planes urbanísticos y arquitectónicos, al tiempo que es una lúcida reflexión sobre las posibilidades de salir de la “ciudad sin límites”.

Hay que rechazar el desarrollo (Pier Paolo Pasolini)

Muy pronto, en Ed. El Salmón, La lengua vulgar, de Pier Paolo Pasolini.

El «modelo de desarrollo», que está cerca de alcanzar su madurez, es el que nos ha impuesto la sociedad capitalista. Proponer otros modelos de desarrollo, significa aceptar ese primer modelo de desarrollo. Significa querer mejorarlo, modificarlo, corregirlo. No: no hay que aceptar ese «modelo de desarrollo». Como tampoco es suficiente con rechazar ese «modelo de desarrollo». Hay que rechazar el «desarrollo». […] Cinco años de «desarrollo» han convertido a los italianos en un pueblo de idiotas y de neuróticos. Cinco años de miseria pueden llevarlos de nuevo a su humanidad, por mísera que sea.

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Ecofascismo (Bernard Charbonneau)

A pesar de las apariencias, el ecofascismo tiene todo el futuro por delante, y podría tratarse de un régimen totalitario tanto de izquierdas como de derechas, según dicte la necesidad. De hecho, los gobiernos se verán cada vez más obligados a tomar medidas para gestionar unos recursos y un espacio que con el paso del tiempo irán escaseando. Una contabilidad exhaustiva registrará, con todos los costes, los bienes —en su día gratuitos— utilizados por la industria y el turismo. El mar, el paisaje y el silencio se convertirán en mercancías que serán fabricadas y reguladas, y por las que se tendrá que pagar. Y la distribución de estos artículos de primera necesidad estará regulada según sea el caso por la ley de la oferta y la demanda o por el racionamiento que atenuará el inevitable mercado negro. La preservación de los niveles de oxígeno necesarios para la vida sólo se podrá garantizar a costa de sacrificar otro fluido vital: la libertad. Pero, como en tiempos de guerra, la defensa del bien común, de la tierra, hará que valga la pena el sacrificio. Ya la actuación de los ecologistas comenzó a tejer esa red de regulaciones que prevén multas y penas de cárcel con el fin de proteger la naturaleza contra su explotación incontrolada. ¿Qué más se puede hacer? Lo que nos espera, como durante la última guerra total, es probablemente una mezcla de organización tecnocrática y regreso a la Edad de Piedra.

Bernard Charbonneau, 1980

Libros para no quemar

La revista Hincapié ha elegido a nuestro salmón La Máquina se para de E.M. Forster como uno de los mejores libros publicados en 2016 o, como dicen ellos, para no quemar:

Una distopía –aún más próxima a nosotros que las de Orwell y Huxley– que relata los tiempos que vivimos supeditados a la megamáquina tecnológica, pero escrita en 1909 por E.M. Forster, autor de Pasaje a la India, Una habitación con vistas o Howards End. Hombres frente a pantallas y espacios cerrados durante sus 24 horas, aislados por gracia de una Megamáquina programada para pensar por ellos. Los díscolos o no aptos son deshauciados socialmente. Kuno, su protagonista, lo es por aventurarse a explorar el exterior. El desarrollo social es sólo el desarrollo de la máquina. Hasta que ésta no puede ser controlada. ¿Cuántos Kunos hay entre nosotros?

El resto de libros salvados de la quema, aquí.